Wednesday, August 11, 2010

Violeta

2.

Tenía los pies fríos, otra vez, pies fríos y tratar de taparse de nuevo.
Siempre se desafiaba a sí misma a hacerlo sin abrir los ojos, sin distraerse del sueño o la oscuridad del descanso, pero eran pocas las veces que podía. Por lo general sus noches eran de esas que dejan las sábanas hechas un nudo, tiradas en el piso, o arrugadas contra el borde, y los pies buscando abrigo a las cuatro, a las cinco, a las seis de la mañana.
Sentada en la cama con los ojos ya abiertos –como siempre había perdido- vio apenas su reflejo frente a ella como una sombra. Con tan poca luz era difícil saber si copiaba exactos los movimientos o se tomaba algunas libertades.
Se miró fijo, casi provocando al espejo para que le demostrase algo.
¡Dale Violeta, movéte! ¿todo lo que hacés lo tenés que consultar antes conmigo?
Sonreía para adentro demostrándose que jugaba, que no creía en eso que pedía porque era casi tonto y bien sabía ella cómo funcionaban los espejos.
Era tarde -o temprano- cuando volvió a acurrucarse en la cama con una última mirada al frente. Ya no se vio reflejada.

2 comments:

Ana María López said...

Hola! me encanto su pagina!!

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Ju said...

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